domingo, octubre 14, 2007

Tornadiza Realidad

José Muñoz Cota

Hubiera escrito Shakespeare: realidad tu nombre es mujer. Realidad voluble, tornadiza, engañosa.

La realidad nos escamotea las miradas; cuando creemos ya definida, rompe sus límites naturales y se dispara al aire como una de esas risas descorteses de la gente mal educada o como la botella que no tolera orillas y en donde la materia huye de las formas concebidas, según la clásica escultura de Boccioni.

Frente a la realidad, adentro, abajo o sobre la realidad, de cualquier modo la cuestión es superarla. Y sólo hay un método: la locura.

Los surrealistas se engañaron. No se puede domar la realidad a plazo fijo. El automatismo es una de las mil maneras de engañarse. El surrealista leal, exacto y cabal, es el feliz mortal que ya cruzó la separación que ahora nos empequeñece; abrió la puerta y se instaló en medio de la sala irreal, auténticamente.

El ser humano vive en prisión continua. Está, sí, fuera de las cárceles; pero la realidad lo mantiene preso, sujeto a las cadenas de los cinco sentidos miserables, tan deficientes, que la existencia se concluye sin que los pulmones "se llenen de cielo".

Esto hizo dudar al ingenio clásico: si la vida, después de todo, no será más que un sueño y andamos clavados del clavo ardiente de las apariencias, por rosadas que aparezcan.

Con razón pontificó el filósofo Macedonio: No toda es vigilia, la de los ojos abiertos.

¡Ay mis manos perplejas cuando quisieron enderezar la regla de madera sumergida en el agua!

Todavía no concluimos la verdad. ¿En qué realidad estaremos inmersos; a semejanza del leño en el laboratorio de física?

Al hablar más de una ocasión nos deploramos, galeotes de las palabras, impotentes para hallar el término justo, exacto, a la medida, el que no resulte holgado, ni estrecho, ni mortifique o lastime.

Gambusinos de la voz; luego, se concluye la representación y entramos al silencio.

Por culpa de algún pecado el recio Moisés no pudo entrar a la Tierra Prometida y tuvo que entregar la espada al aguerrido Josué. Le dijo Jehová: Héchotela he ver; mas no pasarás allá.

Supongo que yo,que tú, que nosotros, sin poseer el cuerpo de estatua de Moisés hemos sido impedidos de penetrar a la realidad, quizás porque fuimos demasiado cuerdos.

Esa línea invisible que separa la realidad de la imaginación creadora; el mundo que vemos del mundo que intuimos. Poesía y verdad, tal como dijo Goethe.

Se gastan los días imprudentemente para sostener los pies asentados en tierra firme. Después, cuando se han dilapidado cuantiosas mañanas, caemos en la cuenta de que nada está firme, ni la tierra y que nada nos pertenece ni la razón falsificadora profesional.

Estoy a punto de descubrir con el maestro Oxiacán, que las cosas no siempre caen, obedeciendo la ley de la gravedad; también podrían ascender, subir, volar. Una ley de gravedad al revés. La imagino, luego existe.

La lucha contra el demonio de la realidad. Santo Señor don Quijote.

Nunca lamentaremos lo bastante el temblor que movió la pluma de Cervantes. Don Quijote no muere una muerte adecuada a su genio. Muere como un vulgar señor Quijano, o Quijada.

Cervantes tuvo miedo del qué dirán los realistas que pueblan en el mundo y traicionó el destino del Caballero de la irreal figura.

Todo es irreal, fantástico, mágico, en la historia de sus hazañas, menos su deplorable muerte.

Cervantes omite la noticia central; los molinos de viento velaron el enflaquecido sueño de don Quijote, tendido como espada, todavía anhelante de pelea.

Era tan loco, tan loco, que a los ojos mendaces parecía un hombre cuerdo.

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